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ABANICO/ Textos muertos

ABANICO/ Textos muertos

Por Ivette Estrada

Cuando decides que la Inteligencia Artificial (IA) escriba por ti, es que renunciaste a pensar.

Entonces cedes tu voz, talento, experiencia y visión a una máquina. Vuelves verdad un miedo añoso: la tecnología domina al mundo. El control de todo lo toma un robot. No es exagerado si consideramos que el timón de la creación se tecnifica.

Escribir es develar la esencia del ser: sus conocimientos, descubrimientos, saberes, credos y pasiones. Conocer a alguien es mirarlo en el espejo más fidedigno: qué escribe, los temas que aborda, las palabras que elige.

En el proceso de escribir no sólo se devela quien eres para otros. También, y esto es crucial, quién eres para ti.

Escribir es autoconocimiento, revelación interna y temores. Es confrontar las propias barreras y detectar posibilidades, proezas, riesgos y áreas de oportunidad.

Si rehúsas escribir, si cedes tu poder por pereza para pensar, ordenar, discriminar y clarificar, en automático renuncias a la parte más luminosa de tu humanidad. Desdeñas el poder de edificar tu realidad.

Porque la verdad, ese mundo donde ahora habitas, no es fortuito. Se funda palabra a palabra.

El “verbo” aludido bíblicamente, es el que crea.

Así, las herramientas de Inteligencia Emocional pueden ayudar a cotejar, simplificar, ordenar y detectar inconsistencias, “afinar” manuscritos, ero no pueden, no deben, escribir por ti.

Si una IA escribe por ti, genera textos muertos. El horror del mundo digital actual. Sin narrativas planas, indiferenciadas, carentes de pasión. Abundan ahí conceptos genéricos y lugares comunes.

Emplean palabras imples, organizaciones gramaticales austeras, redundancia y metáforas vulgares. Y lo más revelador: los textos muertos son inmediatamente identificados.

No. La IA no puede escribir por ti. Es como si pusieras la máscara de tu rostro a un desconocido y pretendieras que poseyera tus raíces, credos y ética.

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La IA no puede suplantarte. Hay un riesgo no admitido en voz alta: las herramientas de IA pueden nulificar tu voz, apagar el fuego interno, confinarte a un campo inexplicable de “conveniencia” en las narrativas que generas.

Si careces de ideas claras, si vacilas ante tus posturas y conceptos, la IA puede adueñarse de tu voz y, sin que lo percibas, comenzar a crear textos muertos.

Por eso guía, supervisa y desconfía de la ayuda “desinteresada” de las herramientas de IA.

No hacerlo es ceder la configuración del mundo a una máquina.

Es hora de volver a pensar.

Redacción


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